Tiempo para Tomar Decisiones


“¿Importa para nuestras vidas saber cómo funciona el cerebro? Creo que importa, y mucho, tanto más si aparte de conocer lo que actualmente somos, nos preocupamos por aquello que podemos llegar a ser”. Antonio Damasio. Y el cerebro creó al hombre.
En verano nuestras neuronas se ponen a tomar el sol. Estas células exultantes de creatividad están dispuestas a movilizar pasos hacia el otoño-invierno. Los nuevos propósitos toman más fuerza; apuntarse al gimnasio, ese curso de inglés, dedicar más tiempo a la familia y amigos…Las buenas intenciones llegan a materializarse cuando definimos un plan concreto de acciones realistas.
En vacaciones estivales nos resulta más fácil conectar con aquello que podemos llegar a ser. Disueltas las obligaciones cotidianas, se abren infinitas posibilidades. Expandimos nuevos espacios en la mente y en el corazón.
¿Dónde quedan todos los buenos propósitos que nos marcamos en verano? ¿Sería de utilidad trazar un puente entre los objetivos ideados durante las vacaciones y la rutina diaria a la que sucumbimos nada más volver “al cole”?
Hablamos de un puente llamado Toma de Decisión, cuyos materiales lo forman las Acciones Cotidianas y las herramientas que ayudan a construirlo son el Lápiz y el Papel.
El verano es buen tiempo para disponernos a crear el hábito de generar puentes. Sistematizar objetivos realistas y concretos con voluntad y constancia. Somos un cimiento sólido que crea conciencia despierta para la acción de cada día.
No es tiempo para perder el tiempo. Si con el verano volvieras a nacer, si empezaras de nuevo, ¿qué decidirías vivir? Para vivir cosas diferentes hemos de actuar de un modo diferente.
Mónica había pasado los cuarenta. Era ya tiempo para no perder el tiempo. Tocaba decidir si quería comprometerse en el amor, tener un hijo y definir su proyecto profesional. Durante las horas de luz del verano trazó un plan. En otras ocasiones había fantaseado en su mente con ese plan y sin embargo aparecían barreras, unas veces inconscientes, otras conscientes. Escribió y se preguntó:
¿Qué es lo que quiero vivir con esta relación?, ¿qué es lo que quiero vivir en mi trabajo?, ¿quiero tomar la responsabilidad de vivir mi vida plenamente?, ¿quiero comprometerme a ser feliz?
En un acto de sinceridad con ella misma, Mónica respondió a estas preguntas. Se sorprendió de las palabras escritas. Sintió la necesidad de empezar a tomar decisiones y se puso a trazar puentes garabateando en ese mantel de papel en aquella tranquila cafetería. Puso en contacto a su yo posiblidad; el que marca los grandes planes de la mente que amplían el corazón, y a su yo concreto; el que desde lo analítico y práctico materializa las posibilidades.
Mónica definió tres pequeñas acciones concretas y realistas para cada una de las preguntas que tan sinceramente se formuló. Aquel mismo día comenzó a aplicar lo concretado. Empezó a vivirlo ya Se sintió en coherencia con el plan. Desde ese momento, notó que su vida empezaba a girar hacia donde ella misma quería. Se sintió completa y feliz. Día a día, paso a paso. Así transcurrió aquel verano y la vuelta de vacaciones. Era el tiempo para que Mónica tomara decisiones. Era el tiempo para comenzar a ser proactiva.
La proactividad significa que, como seres humanos, somos responsables de nuestras vidas. Nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones. Podemos subordinar los sentimientos a los valores. Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan. Stephen R.Covey., Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. El 8º hábito.
Cuando trascendemos la reactividad emocional comenzamos a ser proactivos. Es entonces cuando se empieza a tomar la responsabilidad de la propia vida. Es entonces cuando se vive desde el compromiso.
Las acciones pequeñas y concretas del hoy son las grandes decisiones hechas realidad del mañana. ¿Qué tres acciones concretas podrías ofrecerte para comenzar la vuelta a tu vida cotidiana?
*Artículo publicado en la revista Verdemente Septiembre 2011