Siembra Semillas


- ¿Quién soy? 

Me pregunté uno de esos días en que no sé cómo me llamo, qué quiero o hacia dónde voy... He pasado varios años en este mundo y aunque siento mi corazón latir, muchas veces no sé para qué vivo, creo que me he perdido, no sé qué camino seguir...

Lancé un grito y pregunté:

- ¿Qué hago aquí?

Una voz interna me dijo:

- Eres una potencialidad con una misión especial. Eres una semilla que ha de luchar para hacer sus sueños realidad.

Y, atravesé ese dolor desgarrador diciendo:

- Tengo miedo. Hay días que me dejan sin fuerzas para continuar. Enséñame a soñar.

Y esa voz interna me dijo:

- Soñar se aprende abriendo los ojos, no los del cuerpo físico sino los del corazón. Extiende tu mano.

Al extender mi mano recibí un regalo que me sorprendió.

- ¿Qué es lo que me has dado? ¿Para qué me sirve? Solo veo una pequeña semilla insignificante como muchas de las que hay por ahí.

Y la voz interna me respondió:

- Es una semilla de BELLOTA, en su pequeñez, esta semilla contiene el espíritu del árbol que será después.

Tras muchas noches eternas, calendarios vencidos, cumpleaños sin sentido y dejarme llevar por el viento y el tiempo donde me quisieran arrastrar, ese día de crisis existencial, cargado con el peso del vacío y la inconformidad, algo en mí se renovó.

- Pongo en tus manos el secreto para que seas feliz y encuentres la verdadera paz. Solo tienes que cultivarla y encontrar en sus frutos la paz que anhelas hallar.

Volví a mirar la semilla aprendiendo a verla, a contemplarla. Era tan pequeña! que parecía insignificante y a la vez escondía tanta fuerza! , tanta grandeza! Me atreví a cultivarla, con un poco de duda y de confianza al mismo tiempo. Me parecía imposible que una semilla tan pequeña pudiera realmente germinar y reverdecer.

La semilla se animó a lanzarse sin miedo de autodestruirse, ni padecer todo aquello que implicaba morir a sí misma, enfrentar desiertos, vientos fuertes, demasiado sol o humedad; nada la hacía rendirse ni renunciar, ella sabía que con la fuerza del amor sus sueños harían realidad.

Qué difícil le fue experimentar tales cambios y renovación, sentir como sus raíces iban creciendo y aferrándose a ese suelo que la haría florecer alto donde estaba plantada, venciendo el desencanto y los momentos de desolación.

No sé cuánto tiempo pasó, solo sé que ahí estuve presente, alimentando mi bellota, podándola cuando era necesario, aferrándome a ella para no desfallecer, ni renunciar a mis sueños. Ahora es un enorme árbol, que no deja de crecer y florecer; brinda su sombra y frutos y me enseña con su sabiduría a no desistir de soñar ni de creer.

Ya los miedos no me vencen, ya entendí porque cada día es diferente, sé quien soy, he podido reavivar y madurar mi anhelo de felicidad. Se necesita creer para comprender, comprender para creer, contemplar para creer, beber del pozo de la ternura, para calmar la sed; aprender a cultivar los sueños.

Hoy le digo a esa voz interna:

- Gracias por soñar conmigo y por estar aquí. Gracias a todos aquellos que se cruzan en mi camino y que nunca dejan de creer en mí. Ahora sé que las cosas misteriosas y sagradas nos limitan a encontrar las palabras apropiadas, pues es tanta la emoción que no sé que decir. Seguiré dejando crecer mis ramas hasta tocar las estrellas. No dejaré apagar dentro de mí este fuego de dos llamas, que me permite experimentar en mi interior un anhelo de intimidad y otro de disponibilidad, compartiré con otros la fuerza de mi bellota y así ayudaré a hacer de este mundo un bosque de sueños e ilusiones que se hacen realidad.

Y una gran sonrisa interior llenó de paz mi corazón.

¡No dejes escondida las semillas de tus sueños, es el momento de permitirles ser un enorme árbol y desplegar con todas sus fuerzas sus ramas; nada hay que temer, porque una sabiduría interior que viene del amor las acompaña; eso es lo que eres y para eso estás aquí!