El Cerebro Motivado

Per aspera ad astras
El cerebro recuerda y anticipa. Continua e incesamente calcula, memoriza y hace predicciones. Cuando el resultado de una acción mejora lo esperado el hipotálamo libera dopamina. La novedad estimula nuestro cerebro porque las recompensas inesperadas producen este neurotransmisor que ayuda al proceso de aprendizaje. El sistema dopaminérgico también se activa mucho al realizar actividades sociales. Es por ello que aprendemos más y mejor en contacto con los demás y sobre todo cuando surgen vínculos afectivos.

7 elementos clave

Los factores sociales son importantes e influyen en la motivación. Sin embargo, la motivación intrínseca es aquella que sentimos cuando dedicamos tiempo a una actividad que nos apasiona muchas veces en soledad.



1.- Curiosidad
Asegurarnos la supervivencia nos coloca en un área de confort difícil de sobrepasar. Este instinto nos coloca en situaciones difíciles para traspasar esta barrera. A pesar de que nos delimitamos por supervivencia, también somos curiosos por naturaleza. Cuando algo despierta nuestra curiosidad activamos mecanismos emocionales para enfocar la atención. Por eso aprendemos y salimos de la dormilera de la comodidad.

2.- Utilidad
Nos interesamos por aprender porque entendemos que es útil y relevante en nuestra vida. Una pregunta crucial es: ¿Cuáles son mis intereses? Es el punto de partida para marcarnos unos objetivos reales y posibles dentro de nuestras capacidades. Es absurdo querer motivarnos intrínsecamente en algo que se aleja de nuestro auténtico potencial. Sentir que “puedo hacerlo” y que “me conviene” es primordial.

3.- Un reto hacia las fortalezas
Nos desmotivamos por exceso o falta de exigencia. El sentirnos desbordados ante una situación estanca nuestro progreso. También cuando la exigencia es demasiado pequeña porque caemos en la rutina y en el aburrimiento.

En ocasiones la vida nos reta a salir de la zona de confort; un despido, una enfermedad, la pérdida de un ser querido. En estas situaciones se despiertan nuestras fortalezas y emergen al exterior.

Por eso se dice que las grandes pérdidas son oportunidades. Recuerda: ¿Qué fortaleza surgió cuando perdí aquél empleo? ¿Cuando me enfrenté a esa enfermedad? ¿Cuándo me separé de esa persona tan importante para mí? ¿Cuándo murió un ser querido? Estas situaciones sacan algo de nosotros que hasta entonces no conocíamos. Reflexiona: ¿Cuáles son mis fortalezas?

4.- Responsabilidad
Ir encontrando autonomía ante los retos que nos plantea la vida nos hace seres valientes e independientes emocionalmente. De este modo actuamos tomando la responsabilidad de lo que nos ocurre y de cómo manejarlo. El motor son las ganas de aprender.

Cuando nos resistimos a aprender nos apegamos a patrones de comportamiento enquistados que no ofrecen nada nuevo. La responsabilidad se pone de manifiesto de forma activa. De ahí la importancia de pasar a la acción. No basta con pensar y sentir, sino que es imprescindible actuar en esa dirección.

5.- Progreso
Memoria y aprendizaje son dos procesos indisolubles. Por tanto, la memoria siempre está presente. Lo que sucede es que normalmente no hacemos un uso adecuado y saludable de nuestra memoria. Parece que hay una tara que nos impide integrar la nueva información con la ya conocida ¿Quién no se ha visto entorpecido por la memoria de dolor del pasado?

¿Recuerdo con igual intensidad quién era al superar una dificultad que cuando estaba desbordado por ella? ¿Qué tiene más peso en mi memoria?

La memoria es selectiva. Gana siempre el dolor ante la superación. Por eso se nos olvidan nuestras fortalezas. Para optimizar el aprendizaje, el cerebro necesita repetir y reforzar todo aquello que tiene que asimilar. Por esto motivo repetimos una y otra vez las mismas cosas. Trabajos donde nos enfrentamos a los mismos conflictos que se repiten aún cambiando de empresa. Nuevas personas a quien amar que nos exponen a la sombra más difícil de superar ¿Sería divertido dejar de repetir?

La perseverancia trae ventura y es más sencillo con:

Elogios que normalmente pedimos a otros y que conviene empezar a hacernos a nosotros mismos, aunque sea simplemente recordando todas las situaciones que ya hemos superado en nuestra vida.

Estímulos constructivos que promueven nuestras fortalezas ¿Cuántas veces me relaciono con los demás desde la queja y la protesta? Son actitudes recalcitrantes y compulsivas. Contamos lo mismo una y otra vez. La historia de siempre que no conduce a nada nuevo. En vez de construir, destruye ¿Quiero seguir destruyéndome? ¿Elijo destruirme? Entonces... ¿Para qué vivo la vida desde la destrucción? ¿Qué me aporta?

6. Habilidades metacognitvas
Los progresos no sólo se refieren a nuevos conocimientos y acciones. También progresamos cuando identificamos y transformamos nuestros patrones automatizados de pensamiento ¿Qué pensamiento repetitivo estoy teniendo últimamente? ¿Cuál es el sentimiento que me surge? ¿Cómo lo soluciono: ataco, me defiendo, escapo?

Tenemos patrones y rutas de patrones en circuito cerrado. Pasamos de un comportamiento-sentimiento a otro, repitiendo lo mismo a lo largo de nuestra biografía. Observar con cierta desidentificación y desafección ese personaje que hemos creado nos ayuda a descubrir qué pensamos, qué sentimos y cómo nos afectamos por ello. Nos enganchamos a nosotros mismos en toxicidades sin darnos cuenta. De ahí la importancia del Mindfulness en Occidente en estos tiempos.

7.¡Soy útil!
Los seres humanos somos seres sociales porque nuestro cerebro se desarrolla en contacto con otros cerebros. Las interacciones sociales son esenciales. Aprendemos en resonancia de cerebros con entusiasmo, compartiendo conocimientos y con sentido del humor.

En plena consonancia con el desarrollo del cerebro social está el trabajo cooperativo y preguntas que dan sentido a la existencia como: ¿para qué estoy vivo? ¿Qué puedo aportar al mundo? Nos sentimos útiles cuantas más relaciones constructivas en resonancia hacia el aprendizaje y el progreso mantenemos ¿Me siento útil? ¿Qué puedo hacer ahora, hoy, para sentirme útil?