No más príncipes


Cinco de la mañana. Despierto. Le asaltan los pensamientos de siempre. La desesperación elevada a infinito le empuja fuera de la cama. Admitido. - Me lo voy a hacer mirar -anuncia a las paredes. Por fin una frase sensata. Ella no está para oírlo. Dijo adiós. Esta vez para siempre.

Cuando la ciudad amanece se pone en marcha. A ritmo de tren se dirige al trabajo. Le gusta lo que hace. Consume las horas con gusto aunque el bolsillo no se nutre. Eso también se lo va a hacer mirar. Decidido. Fija su atención en dos. Parecen amigas. Hablan con intensidad. Es una conversación para un vino entre manos. Ellas no quieren más príncipes que se convierten en sapos. Pareciera que hablan de él mismo.

No sabe expresar con palabras qué tiene ese día. Es nuevo. Suelta los miedos e inseguridades por la ventanilla. Asombrado. Los paisajes de siempre son otros. No quiere volver a hablar con una casa vacía. No quiere un bolsillo desnutrido. No quiere ser uno de esos príncipes. Quiere prosperar en el amor y en el trabajo. Quiere dormir todas las horas de la madrugada en compañía.

El rescate


Me dices que Juan Manuel ya no te desea, que sólo piensa en irse con sus amigos y que rechaza tu cuerpo por las noches. Me dices que estás harta de tus hijos, que son unos egoístas y que nunca dieron valor a todo lo que renunciaste por ellos. Me dices que no te dieron el bonus a pesar de triplicar los objetivos y de volcarte cien por cien en el proyecto para no pensar en tu vida insatisfecha. Me dices que tu madre todavía te pide que cuides de tus hermanos aunque tienen más de cuarenta años. Me dices que tus amigas sólo hablan sus cosas, que estás cansada de sus quejas mientras las tuyas se amontonan dentro. Me dices que no te queda tiempo para pensar en ti, para hacer lo que te gusta, porque pasas el día ocupándote de todo y de todos. Me dices que por más que haces para satisfacer a los demás, no eres feliz.

Te digo, vuelve. Te digo, vuelve a ti que te perdiste. Te digo, vuelve a ti para rescatarte. Te digo vuelve, para ser y hacerte quien eres. Te digo vuelve, que el tiempo pasa y este segundo ya se fue. Te digo vuelve, porque quizá entonces, y, sólo entonces:

Juan Manuel vuelva a mirarte con ganas. Tus hijos se independicen, por fin! Te hagas tu propia jefa. Seas la hija de tu madre, la mayor, sólo eso. Tus amigas vayan a una psicoterapeuta. Tu tiempo sea tu tiempo y hagas con él lo que quieras, lo que más te guste, lo que te plazca. Y, entonces, puede que te sientas satisfecha y feliz. 

Campus Promete


¿Qué es lo que te gusta? 

Esta pregunta es el punto de partida de Campus Promete. Imagina qué quieres hacer, para qué y quién eres al hacerlo. Es la imaginación la que precede a la acción. Dar forma a esta posibilidad, expresarla, crearla, desarrollarla, producirla y presentarla es Campus Promete. Una iniciativa educativa y social innovadora que ayuda a hacer realidad los sueños con un equipo técnico y humano en tan sólo cinco días.  

En el siglo XXI el cambio está en ser lo que somos y hacer lo que nos vibra con gusto. Cambiar esfuerzo de logro idealizado por el fluir en lo que uno es de verdad y apasiona. El sistema educativo necesita renovarse. ¿Qué sentido tiene memorizar conceptos que no invitan a indagar sobre nosotros y el mundo? ¿Te imaginas una escuela en la que aprender a base de creación, desarrollo y producción de proyectos personales publicables en colaboración con otros para hacer de este mundo un lugar mejor en el que vivir?

Preguntas y más preguntas son las que se plantean a chicos y chicas entre 8 y 18 años en Campus Promete. Nunca es tarde para hacernos preguntas y, al mismo tiempo, cuanto antes nos las hagamos, mucho mejor. En las preguntas reside el secreto para ser feliz porque, gracias a ellas, te descubres a ti mismo. 

Una educación estimulante

Campus Promete tiene como modelo la integración de los distintos aspectos del ser: Ser creativo, ser interior, ser social y ser emprendedor. Una educación que desarrolla a la persona con acompañamiento, observación, escucha activa y diálogo mayéutico

-¿Qué es mayéutico? -Te preguntarás-. Etimológicamente del griego, maietikos, puede traducirse como ayudante en parto. -¿Y qué parto? -Te seguirás preguntando-. El parto a ser uno mismo. El diálogo mayéutico es el método de realizar preguntas a una persona hasta que ésta descubre conceptos que están latentes en su mente. Esta técnica ayuda a descubrir lo más genuino a partir de la elaboración de preguntas y respuestas y, más preguntas, y, más respuestas. 

El profesor y el coach del alumno se convierten en parteros para alumbrar las posibilidades, opciones e ideas de un alumno en reflexión. Los acompañantes ayudan al alumno a encontrar sus propias respuestas. Y, luego, como ya has podido imaginar,  siguen haciendo más preguntas.

Gimnasio de Desarrollo Personal 

Es una agencia encargada de que los sueños se sientan y se conviertan en realidad por la toma de consciencia. Un equipo de coaches, en cada área de Campus Promete, acompañan al alumno a identificar, definir, planificar, realizar y presentar su proyecto personal. Y, al mismo tiempo, le ayudan a identificar, reconocer y manejar sus emociones, aprendizajes y descubrimientos de esta experiencia transformadora.

¿Cómo? Así es, a base de preguntas. Para tomar contacto con este entrenamiento, te invito a plantearte: Cuando haces lo que te gusta ¿Cuáles son tus sensaciones?, ¿Qué emociones?, ¿Qué sentimientos?, ¿Qué pensamientos?, ¿Con qué cualidades conectas? 

¿Quién nos enseña a ponernos en contacto con nuestras emociones? No estamos acostumbrados a entrar en las emociones y sin emoción, no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje y no hay memoria. Toda emoción es natural. Aprender a identificar, manejar y ser conscientes de cómo cambian es clave para el desarrollo personal.

Podemos creer que lo que más cuesta es expresar lo que desagrada, sin embargo, también cuesta, y mucho, conectar y expresar lo que tanto agrada, sentirlo, incorporarlo, visualizarlo, anclarlo y comunicar desde ahí. ¿Qué sientes cuando estás haciendo algo que te gusta?, ¿Cómo es sentirlo en tu cuerpo?, ¿Te visualizas a ti mismo comunicándote en un gran escenario al público?, ¿Quién eres cuando conectas con eso? El trabajo con las emociones en el Gimnasio de Desarrollo Personal serviría para una segunda película de Pixar después de Inside-Out. 

El descubrimiento de Max

Diez minutos de reflexión fueron suficientes para que Max se diera cuenta de cómo oscilaban sus emociones a lo largo de los dos primeros días. Unas eran más agradables, otras menos. Le acompañé a indagar en sus olas emocionales. Y, en un instante, apareció el insight del que se habla en Midfulness. Max dibujó un punto cumbre en su mapa y expresó que representaba el momento que estaba viviendo en ese instante, el mejor de todos los momentos, la mejor de todas las emociones: -Me doy cuenta de lo que he sentido. -Dijo, con natural espontaneidad-. En ese momento, fui testigo de una conciencia que despierta. Qué maravilla! 

Química emocional

En el grupo del área de Vida y Naturaleza surgió una conversación acerca de la vergüenza. La vergüenza es una emoción social natural que sentimos por el mero hecho de ser humanos. Está relacionada con el miedo a hacer el ridículo, a no gustar a los demás, a lo que puedan pensar de uno mismo. ¿Quién no ha sentido ésto alguna vez?

-¿Cómo ayudarles a manejar la
vergüenza? -Pensé-. Bien, la directora del área y yo nos pusimos manos a la obra y montamos un experimento científico en el laboratorio. Una sustancia química convertía el agua en un líquido marrón, representando a la vergüenza. Luego, otra sustancia la disolvía en un brillante color amarillo, verde, rojo, azul, simbolizando, a través del color, las cualidades más genuinas y particulares de cada uno; tranquilidad, perseverancia, alegría, pasión, entusiasmo, colaboración, etc.

Mi experiencia como coach

Plantear dinámicas de desarrollo personal a chicos y chicas entre 8 y 18 años ha sido un reto. - A ver chic@s!, prestad atención. -Me oía decir-. Como dice el neurocientífico Francisco Mora no podemos pedir atención sino evocarla desde dentro del alumno despertando su curiosidad. Dinámicas que invitan a la indagación de las emociones que surgen en el grupo a lo largo de los días, despertar el interés y colocar una semilla para que brote.

Como coach, he acompañado a estos chic@s a un viaje emocional de cinco días con cuatro elementos clave: la respiración consciente, la focalización de la sensación-emoción sentida en el cuerpo, la visualización con anclajes que hacen memoria de lo que sentimos y somos cuando conectamos con lo que nos apasiona y la puesta en común de los descubrimientos. 

Me llevo muchos regalos de las personas con las que he compartido la experiencia Campus Promete. La entrega desinteresada con el corazón abierto, la generosidad, la paciencia, la atención, la alegría, el entusiasmo, la pasión, el descubrimiento, la diversión y mucha gente maravillosa que ya forman parte de mi vida. También he conectado con mi niña, una niña creativa e intuitiva que se hace adulta integrando a la científica con la artista. Gracias, Campus Promete!

De un modo u otro, más pronto o más tarde, todos nos planteamos ¿Qué sentido tiene nuestra vida?, ¿Qué queremos hacer con ella?, ¿Cuál es nuestro proyecto personal? Mejor plantearnos estas cuestiones a una edad temprana. Sin embargo, no importa la edad que tengas, libera tus condicionantes y descubre el tesoro que escondes en tu interior. No pares de soñar y mientras, hazte preguntas que generen respuestas y, luego, hazte de nuevo más preguntas. Así, una y otra vez.
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Más información en: www.campuspromete.es  

Storytelling

El anglicismo storytelling se refiere a la narración de historias. Me gusta el término. Es corto y tiene ritmo. Antes de invitarte a leer este post, quiero proponerte que veas el vídeo.




¿Cómo responde tu cerebro al storytelling de Ben?

Estas son las respuestas naturales que han sucedido en tu cerebro. Has segregado dos hormonas: Cortisol y oxitocina. Cortisol, por tener tu atención concentrada en la trama y oxitocina, también llamada hormona del abrazo, en respuesta a la conexión emocional con Ben y su padre.

El cortisol se libera como consecuencia de la emoción de angustia. Es la hormona que segregamos en nuestras vidas cuando nos sentimos estresados. La oxitocina aparece por la empatía y, desafortunadamente, abunda menos en el entorno. Si liberáramos más oxitocina, la forma en la que vivimos cambiaría. Esta hormona no sólo la producen las madres que se vinculan con sus hijos antes, durante y después del nacimiento, sino que es un pegamento social que cohesiona y mantiene unidas relaciones, comunidades y sociedades.

El neuroeconomista Paul Zak descubrió poderosas respuestas emocionales y bioquímicas al monitorizar cientos de cerebros, como el tuyo y el mío, al ver la historia de Ben. Comprobó que cualquier storytelling, por más sencillo que éste sea, contado con una buena trama que siga el arco dramático de Freytag incrementa más la participación activa y solidaria que cuando no hay historia.

Arco dramático de Freytag


¿Qué diferencias hay entre ver, leer o escuchar un storytelling?

En un storytelling la historia en si, la emoción-sentimiento que provoca, los protagonistas de la historia y quien la recibe; ya sea viendo, oyendo, e incluso, leyendo, en pantalla o papel, están unidos en el mismo estado de empatía e involucración. Los mecanismos que se activan son los mismos porque el cerebro imagina, se pone en situación, analiza causas-efectos y piensa en imágenes. ¿Has visto las historias de un libro mientras lo leías? Es eso mismo.

Livia Blackburne, autora de From Words To Brain, recomienda escribir con palabras descriptivas y vívidas. Un lenguaje más que literal, metafórico, capaz de generar emociones y sentimientos con precisión para permitir al lector dibujar una imagen de lo que está ocurriendo.

Si, además, las palabras, imágenes y sonidos, crean situaciones similares a las experiencias personales del receptor provocan una conexión muy alta, aunque no es necesario conectar sólo por similitud. Por ejemplo, la historia de Ben, un niño de dos años con cáncer terminal que se siente feliz mientras su padre intenta serlo, aún sabiendo que morirá en dos o tres meses, involucra no sólo a padres con niños en esta situación, ni tan siquiera sólo a padres, sino a toda persona, haya vivido o no una experiencia vital parecida.

¿El Storytelling funciona?

Los datos de un storytelling se decodifican en las áreas de Broca y Wernicke del pensamiento y lenguaje del cerebro, en principio sin más implicaciones. Cuando el storytelling contiene una buena historia con el arco dramático de Freytag, activa el cortex sensorial, el sistema límbico o emocional y la corteza motora cuando las palabras están relacionadas con acciones. Por tanto, cuantas más zonas activa el storytelling en el cerebro, mejor funciona.

De esta manera, el storytelling nos permite vivir, sentir y recordar más y mejor la historia en nuestro cerebro. Y, aunque no se haya vivido una historia similar en primera persona, las neuronas espejo se encargan de hacerlo por nosotros.

Ahora los storytelling, antes los cuentos, la mitología o las historias contadas alrededor de una hoguera, son un medio para enseñar y aprender. La cohesión social y la transmisión de conocimientos a generaciones futuras es una característica humana universal a través de las diferentes culturas. 

¿Qué tiene el storytelling que gusta tanto?

El storytelling no es nuevo. Somos contadores de historias. Contamos nuestra historia personal o las historias de otros a lo largo de los tiempos. Hoy nos reunimos en un bar o en la red social para compartir nuestras alegrías y tristezas. Esto mismo lo llevamos haciendo durante siglos, va implícito a la naturaleza humana.

Vivimos inmersos en un océano de historias que consumimos a todas horas: noticias, novelas, películas, series, relatos, cuadros, esculturas, canciones, danza, videojuegos, etc. Nuestros cerebros parecen programados para dotar de significado a la vida, dar sentido al mundo y estructurarlo.

El cerebro humano necesita de storytelling porque:

1. No soporta el caos y de este modo formatea una realidad dentro de si para dar sentido al complejo y muchas veces contradictorio mundo.

2. Le sirve para aprender y enseñar facilitando la comprensión, memoria y reflexión al conectar con cuantas más áreas del cerebro mejor.

3. Es un medio para comunicar y compartir captando la atención, la atracción y la vinculación de unos con otros.

4. Permite vivir muchas vidas distintas en una sola al emocionarnos, identificarnos y vincularnos con personajes que viven vidas parecidas que resuelven de otro modo, o vidas muy distintas que nos plantean otras realidades. 

¿Storytelling sólo para entretenimiento?

La utilidad del storytelling se aplica a muchos campos por ser una herramienta valiosa de aprendizaje. El psicólogo experimental Steven Pinker señala su importancia para desarrollar un mundo imaginario. Es la imaginación la que nos lleva a realizar algún cambio, si no en primera persona, a través de un personaje ficticio. Aprendemos por interacción con el entorno y en base a lo que les sucede a otros, esos otros pueden ser reales o ficticios.

La cuestión es desarrollar personajes que tengan unos objetivos claros, ya sean personales, profesionales, familiares, es decir, temas de la vida con retos de superación, mejora y evolución. Es la forma de invitar al que ve, oye, lee e incluso participa de la historia a afrontar los retos propios.

Por tanto, el storytelling es un despertador de consciencia muy valioso por promover cambios en la forma de pensar y de actuar. Es un mecanismo transformador que promueve la consciencia individual y colectiva. Abre caminos en múltiples ámbitos; personal, social, económico, educativo, cultural, promoviendo sociedades más empáticas y solidarias que favorecen la inteligencia colectiva.

Los escritores de storytelling tienen una potente herramienta en su mano. ¿Qué objetivos poner en los personajes? ¿Queremos incidir en el entorno? ¿Cómo? ¿Para qué? ¿Hacia dónde se quiere ir?

¿La e-conexión funciona igual que la conexión real?

Paul Zak es contundente al decir que la e-conexión es procesada por el cerebro del mismo modo que la conexión cerebral. Las redes sociales, al igual que otros entornos físicos de la vida reales o ficticios, disparan los mismos circuitos bioquímicos y emocionales que favorecen la participación y la involucración de los demás para la construcción de historias. Así funciona la narrativa transmedia, como plataforma de comunicación facilitadora de roles activos de participación con aportaciones en la historia que se propone.

Las redes sociales reciben muchas críticas por sus componentes adictivos cuando se usan para liberar tensión y aburrimiento. Experimentos sobre twitter, por ejemplo, contradicen esta idea al comprobar que ayudan a reducir el estrés y las afecciones cardiovasculares. Al twittear estamos liberando oxitocina. El buen uso de redes sociales como plataforma de storytelling para promover consciencia es más que saludable.

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Gracias a Jorge Duarte http://crearhistorias.blogspot.com.es/ por impulsarme a escribir este post. Gracias a los storytellers que con sus historias transforman vidas para el bienestar, la consciencia y la felicidad. Desde aquí yo también quiero ser storyteller! ;-)


光 Hikari


¿Quién quiere parar el agua de la lluvia? Hikari no usa paragüas y se mueve a lomos de bicicleta. Hace tiempo que dejó de decidir en base a objetivos y metas sin sentido. Fue la mejor de las decisiones. 

Una noche Hikari tuvo un sueño. Soñó que dejaba de soñar. Desde entonces no sueña, ni dormido ni despierto. Los sueños duelen más que la realidad porque, aunque a veces se cumplen, no alcanzan lo imaginado. Y es que todo cambia, tanto el objeto deseado como el sujeto que desea.

Hikari simplemente contempla el cambio y se deja mojar por la lluvia. Aunque cuenta con más de 80 años, es un hombre sin edad. Vive como un niño sin fin y sin rumbo fijos. Tan sólo pedalea. Es la vitalidad en movimiento. Es el placer de cada instante. Es feliz. Se siente vivo. Más que vivo, pleno. Es la luz que lleva en su propio nombre.

花見 Hanami


A veces hace falta recorrer medio planeta para encontrarte contigo mismo. Otras culturas, otros planetas en este planeta. Lugares extrañamente familiares y personas que señalan el camino como flecha en línea recta. ¿De dónde vienen estas memorias? ¿Inconsciente individual y colectivo? ¿Vidas pasadas?

Las creencias y la ciencia no explican lo que la atención capta cuando uno está en actitud consciente. No me importa el porqué, lo relevante es la vivencia. Las situaciones se unifican en un solo plano donde espacio y tiempo son relativos. Tal vez los mismos escenarios y personas. Lo que cambian son las decisiones. ¿Será eso evolución?

Japón fui a verte, al menos una vez en este otro tiempo, para decirte que me voy para no volver.


Mente



Como un péndulo. La mente no para. De atrás a adelante. Y viceversa. Pasado, presente y futuro. Cuando cuerpo, emoción, pensamiento y esencia confluyen en un punto cero, el movimiento cesa. Quietud. Silencio. Consciencia.

De pie. Plantas de los pies arraigadas en el suelo. Rodillas semiflexionadas ligeramente. El peso del cuerpo cae al suelo. Desde los pies se proyectan dos raíces al centro de la tierra y, una tercera, desde el coxis. Respiración en hara, dos dedos debajo del ombligo. Inhalar y exhalar, lenta y profundamente. Al inhalar lleva la atención a tus vértebras lumbares, dorsales y cervicales en sentido ascendente. La coronilla se proyecta hacia el cielo. Al exhalar, en sentido descendente, date cuenta si hay alguna zona de tensión. Lleva ahí tu atención mientras sueltas el aire prolongando un poco más la exhalación. Inhalar y exhalar. Toma tu tiempo. Siente tu eje central. Descansa en esta línea media sintiendo cómo se aflojan los músculos y se crea espacio entre ellos, huesos y articulaciones. Ahora, deja que el cuerpo haga. Tal vez surgen micro-movimientos. Permite que aparezcan. Fluye en tu presencia.

¿De qué te das cuenta?
 
 

Batido de memorias con sabor a té verde

El tiempo se detuvo en Kyoto. Era mañana Zen dentro y fábrica metalúrgica fuera. Los ventanales panelados de madera y arroz del ryokan acentuaban el contraste. Conecté con un estado de atención presente enfocado a cámara lenta. Me movía como por casa con energía yang en la pisada descalza y un aire sexying en el vestir. Unas veces con kimono, otras kimono con jeans que se veía al sentarme y cruzar las piernas y otras con vestido rojo, lápiz de labios a juego y trazo negro de eyeliner en la mirada. Desfilaba con mezcla de estilos entre Oriente y Occidente, nueva tendencia para seguidores en moda. Sin embargo, la mejor indumentaria era la del onsen unisex donde estábamos tal y como venimos al mundo. 

El recepcionista no dijo konichiwa sino un claro buenos días para mi sorpresa. Esas dos palabras sonaban amigables cuando estás habituada a oír caras rasgadas de ojos hinchados - Soy japonés 100%, cuerpo, corazón y cabeza. Estoy aprendiendo algo de español. Somos muy diferentes sobre todo aquí- dijo, mientras señalaba con el dedo índice su cabeza.

Aunque sería más prudente contrastarlo con un neurocientífico, me atrevo a decir que el cerebro japonés procesa con un sistema operativo simplemente distinto. No sé a qué es debido, si por efecto de la costa pacífica en ese lado del mundo, o que, desde pequeños les educan a contener el sistema límbico. Como aquella madre que en la estación de tren bulliciosa enseñaba a su hijo de unos cinco años a parar las lágrimas por quedarse solo, sentado en la maleta, mientras ella guardaba la cola para comprar los billetes. Pocas palabras bastaron para acallar la rabieta. Madres españolas, verlo para creerlo.

La cognición a la japonesa es rigurosa y estructurada. El oído busca la llave de entrada de  información del occidental, el ojo cuadricula las opciones convirtiendo las palabras en juego de tetris, la cabeza se agita en microespasmos para oxigenenar la maquinaria neural y la boca, primero aspira aire en golpe seco de arte marcial y, después, exhala un suspiro entrecortado. La sonoridad y el lenguaje no verbal japoneses son un espectáculo que sorprende más que cuando sorben los udon de la sopa o caminan en pasos breves asintiendo con la cabeza y meciendo las manos al aire tipo butoh o kabuki.

Los cuatro días anteriores en Tokyo sirvieron para disolver mis condicionantes occidentales hasta colocarme en modo niña. Una niña que vuelve a aprenderlo todo de nuevas. Los códigos son muy distintos y conviene tomarlos desde el punto cero. Como Alicia en el país de las maravillas me metí en la madriguera de un cómic manga. Por fortuna contaba en mi memoria con Mazinger Z y Afrodita. Entrar en este juego infantil mejoraba notablemente la comunicación y lograba algo de paz mental entre el bullicioso caos japonés ordenado en fila india. Como no hablo japonés, aprendí que el lenguaje de signos superaba al inglés porque sencillamente no lo hablan, o, si lo hacen, el acento  altera notablemente el entendimiento. 

Mi compañera de los últimos días se llamaba paciencia. Paciencia para esperar al ascensor. Paciencia para localizar en el mapa los lugares a visitar. Paciencia para trasladarlo al mapa en japonés que es el único que te salva la vida cuando inevitablemente tienes que preguntar a un local porque te has perdido. Paciencia para movilizarte de un lugar a otro en distintos medios de transporte. En definitiva, paciencia. 

Puse un pie fuera del ryokan y crucé la primera esquina con cierta precaución. Hice una foto al cartel del que nada más entendía la dirección de una flecha. El ryokan estaba fuera del centro y es fácil perderse, más que fácil. Cuando pisé el asfalto sentí traspasar la conocida zona de confort de la que tanto se habla en crecimiento personal. Empezaba la aventura. El viaje fuera no deja de ser un viaje dentro. Ir sola me permitió y expuso a situaciones que de otro modo no suceden: salir de la Kyoto tower gracias a un dibujo que hice a una local porque no entendía la palabra exit, entrar en un templo solo para japos después de permanecer largo tiempo en la puerta como cuando, tal y como había leído en cientos de libros, el aprendiz espera a ser recibido por el maestro, bajarme de un taxi por desacuerdo en la tarifa aún sin batería en el móvil y con pocos yenes en el bolsillo para coger otro, colarme en una okiya o casa de geishas como quien vuelve a casa de los antepasados. 


H2O



El primer domingo de la primavera no quiere despedir al invierno y me despierto con sed. Sed de harina de pizza argentina y sueño roto de familia propia. Me levanto. Me sirvo un vaso de H2O con restos de miel, limón y jengibre. Voy al baño. Mientras bebo hago el primer pis de la mañana. Soy fuente. Vuelvo a la cama. Remoloneo, como el gato que no tengo, un par de vueltas más. 

Primavera. Invierno. Otoño. Verano. Repaso hacia atrás las estaciones. No importa qué es lo que ha pasado sino cómo lo interpreto. Quiero soltar, dejar marchar lo que está acabado, morir a lo viejo. Ya no quiero vivir en el poquito a poco. Lo quiero todo. Siento que merezco amar y ser amada. Todo es posible. Todo a la vez. Una primavera nueva está por llegar. 

Invierno, entérate! Estoy preparada para ser y hacer. Lo que doy es lo que soy. Soy la transformación en expansión.


En caída libre

Su mundo estaba patas arriba, sobre todo en lo que se refiere al tema de relación de pareja. Siguió la recomendación de la última sesión de psicoterapia y repasó su biografía sentimental. Cayó en cuenta que, en el tema del amor romántico, el tiempo pasaba y la pauta se repetía una y otra vez. Distintas relaciones y los mismos patrones anclados hasta la médula. ¿Qué dificulta la disolución de lo vivido? Anotó en su cuaderno de psiconauta sentimientos y carencias que se habían dado en cada historia. Descubrió que había un común denominador en todas ellas. Señaló los patrones comunes y trazó una ruta de principio a fin como si se tratara de las estaciones del metro que recorría a diario. Ante si, tenía ahora el mapa que mostraba el trayecto repetido a lo largo de su vida amorosa. Era el mapa de lo que había estado temiendo y pidiendo al amor. Por primera vez, vio con claridad y comprendió con los ojos de su mente y de su corazón.

En la siguiente sesión psicoterapéutica abordó los aspectos inconscientes de este mecanismo automatizado. Guiada por el hilo conductor de la sensación sentida, la respiración y su psicoterapeuta cayó hacia el pasado sin buscar nada, sin descartar nada. Las paredes del cerebro tienen muchas ventanas. En cada ventana asoma una relación. Fragmentos de historias de amor en caída libre a la velocidad de la gravedad. Del ático al sótano más de cuarenta pisos y tres historias en esa sesión. En el piso treinta y tres, el último chico con el que vivió. Volvió a ver la despedida del << Adiós, me voy >>. Las palabras no dichas congelaron su corazón. Ahora mientras se dejaba caer, letras y sílabas derretían en sus labios el vacío del abandono. Expresó lo guardado con candado y un latido templado alivió su corazón.

Como brújula, la voz de su acompañante de vuelo le llevó hasta el piso veintidós donde se detuvo inmóvil ante el sueño roto del no pudo ser. ¿Cuánto nos cambia lo que no podemos cambiar? Se dio cuenta que tan solo era posible cambiarse a si misma. La realidad despierta al sueño. Lo único cierto es que estaría con ella el resto de su vida. Esta ventana, como tantas otras, sirvieron para aprender.

Y llegó a los cimientos. Se sintió flotar en el saco amniótico mientras su madre acariciaba el vientre. Descubrió el tacto del amor incondicional que le nutría en sentido ascendente; piso a piso, ventana a ventana, relación a relación. Se dejó caer por completo para darse a luz a si misma. ¿Qué nos impide recibir el amor que siempre estuvo ahí a disposición? Nutrida ya por fin y plena de alegría renovada, sintió que la vieja ruta aprendida y repetida abría espacio en su interior. Libre de distorsión estaba preparada para vivir amores nuevos y su mundo comenzó a llenarse de luz otra vez.

La Relación Psicoterapéutica

La psicoterapia es necesaria para cuestionar nuestra realidad. La verdad es simple, es una y es la misma para todos. Abre la mente. Nadie se cura solo. Sana y sánate!

¿Para qué sirve la psicoterapia?
La psicoterapia es una experiencia que transforma la visión del yo, del tú y del mundo. Extrae lo que se oculta en el tintero del inconsciente; la temida sombra negada y las naturales cualidades olvidadas. Revela la identidad esencial actuando sobre la energía, las ideas y la actitud. Se orienta hacia la reconciliación y sanación. En definitiva, sirve para ser libres, felices y estar en paz.

¿Quién no ha sentido algún tipo de obstáculo alguna vez?
Los problemas se viven en el interior con un triple efecto. Bloqueamos la energía repitiendo impulsos vitales y emocionales reactivos. Nos contradecimos entre lo que pensamos, sentimos, y hacemos. Vivimos encarcelados entre hábitos inconscientes que coartan la capacidad de elegir y decidir en libertad.

Aquello a lo que más nos resistimos
A veces la psicoterapia puede verse como una amenaza porque remueve los personajes de víctimas y verdugos llenos de miedo y culpa que proporcionan falsas seguridades. ¿Quiénes somos tras estos personajes? Es el encuentro con lo inesperado. Lo que somos al atravesar carencias y límites es amor, puro amor.

El papel del psicoterapeuta es mostrar que el ataque, la defensa o la huída son mecanismos innecesarios, que la fuerza transformadora reside en sostener aquello que nos cuesta y hace que nos sintamos vulnerables. Caminar en esta dirección es abrir un espacio renovado donde reside nuestra auténtica naturaleza, la que ya es: amor, paz y tranquilidad.

¿Quién no necesita sentirse en paz?
Hemos aprendido a tener un diálogo muy poco sincero. Nos creemos no solo las mentiras que nos cuentan sino, además, nuestras propias mentiras. Unas veces por comodidad e inercia, otras, por el deseo de alcanzar un yo mejorado que no deja de ser una invención más. La psicoterapia nos coloca ante las verdades para re-establecer la coherencia entre lo físico, mental, emocional y espiritual. Una vez que empezamos a reconocer y manifestar nuestras verdades, encontramos la paz.

La relación psicoterapéutica
El psicoterapeuta atiende desde la presencia que atestigua sin juicio, acompaña caminando ligeramente unos pasos por delante y señala las trampas del camino. El paciente tiene el valor y la paciencia de pedir ayuda para alcanzar algún bien. Ambos sienten una gran necesidad de sanar, uno dedicándose y otro pidiendo. Cada paciente que va a un psicoterapeuta le ofrece una oportunidad de sanarse a si mismo y cada psicoterapeuta aprende a sanar de cada paciente que viene a él.

El sanador ha de aprender a sanarse. ¿En qué calidad se puede presentar el psicoterapeuta ante su paciente si no transita por este espacio?. La propia transformación personal es la que acompaña de verdad a la transformación de cada uno. Ningún paciente puede aceptar más de lo que está listo para recibir. Ningún psicoterapeuta puede ofrecer más de lo que cree tener. Nadie se cura solo. Sana y sánate!

Esta relación mira las cuestiones del ser humano atravesando culturas, creencias e ideas. Cuando los laberintos de la complejidad se simplifican, aparece la verdad. Una verdad sencilla que hemos obviado porque aprendimos a ser complejos. Una verdad que envuelve cada encuentro con renovadas posibilidades de ser más y más uno mismo. Esta conexión es la antesala que da sentido y propósito a la vida.

El encuentro sanador
La psicoterapia es un encuentro más allá del espacio, del tiempo y de las palabras. Es una reunión, es decir, un volver a unir las piezas del puzzle. Es un espacio sagrado donde los obstáculos se liberan desde la sintonía del silencio. Este encuentro nos recuerda que somos conciencia en acción.

No son necesarios complicados procesos de cambio, búsquedas y análisis. La verdad es simple, es una y es la misma para todos. El encuentro abre un espacio para: escuchar, sentir la sensación sentida, dialogar con las voces de la mente, del corazón y activar la intuición.

Un acompañamiento desde el alma
La relación psicoterapéutica es una relación profesional de ayuda que se facilita en un entorno seguro y de confianza. El amigo, la pareja, el compañero, el familiar son apoyos que nos alientan y aconsejan. Un psicoterapeuta no es lo mismo porque ayuda en una dirección de mayor calado. Es decir, no solo a desarrollar cualidades y talentos que colorean la vida para recargarla de optimismo, sino a mostrar la experiencia al completo, desde el obstáculo a la conexión con la verdad.

Hemos aprendido por sistema a alejarnos de lo que sentimos, sobre todo si no es conveniente. Con la negación, evitación y represión hemos ido tapando lo que nos duele y también lo que nos libera. El psicoterapeuta acompaña a despejar el tesoro escondido y hay que barrer muy bien la cueva.

Los actuales sistemas organizados como la familia, la educación y el ámbito laboral no enseñan todavía a conectarnos con lo auténtico, ni tan siquiera llegan muchas veces a desarrollar la inteligencia emocional. Siguen siendo sistemas que controlan bajo la mirada de las buenas formas y la productividad.

Qué ciegos y temerosos vivimos! Necesitamos verdaderamente despertar! En estos tiempos los valores esencialmente humanos y el sentido profundo de la existencia parecen estar congelados en el olvido. Nuestro mundo es muy rico y extenso. Sin embargo, ¿quién está verdaderamente disponible a acompañar las vicisitudes de la mente y el corazón?, ¿quién nos puede guiar al encuentro con el alma?.

El propósito de la vida
La humanidad se encuentra encarcelada en un mundo que se descubre finalmente como vacío. Llenos de un engañoso estilo de vida superficial y material donde lo auténtico y los valores no tienen cabida. ¿Cómo trascender este sinsentido? ¿Dónde buscar el propósito? ¿Cómo encontrarlo?

La relación psicoterapéutica ayuda a este descubrimiento porque contacta con ser simplemente uno mismo. Requisito previo e indispensable para el encuentro de dicho propósito vital. La relación psicoterapéutica es una celebración del despierta y alégrate! donde el brindis se sirve en copas de amor y cada uno bebe de la propia.

Gracias a todos aquellos personas con quienes comparto tanta sanación! 
 

En tres días

¿Cuál es el parásito más resistente de erradicar en el organismo? El parásito se llama IDEA y está instalado en el cerebro. Producto de un experimento de mejora de la raza humana, Adan Flow era la esperanza para eliminar el sufrimiento. Las sucesivas catarsis de la humanidad dieron como resultado un individuo limpio de parásitos. Decidido a confirmar el enigma de un ángel nacido en la tierra, John Grace aportó sus conocimientos neurocientíficos al Proyecto IDEA. Llegó el 24 de Agosto de 2015 a México. En tres días ocurrieron dos fenómenos extraordinarios; uno, un Eclipse Galáctico, anunciado por la NASA que dejó en completa oscuridad al planeta y, dos, John se instaló con Adan para comprobar el test de tal esperanza.

Derretido por la oscuridad que robó los fotones al sol y el silencio de ideas en el cerebro de Adan, John vació de narraciones incansables y frustrantes a sus parásitos. ¿Quién iba a estudiar a quién? Os preguntaréis. Estaba claro. John había pasado de examinador a examinado. No le importó, más bien al contrario, porque por vez primera escuchó palabras nuevas procedentes de la mirada de Adan. Algunas de ellas decían: << Estás preparado para lo que se te presenta. Corre, vuelve a casa >>. 

Pasados los tres días, John dejó de elaborar bucles de ideas sin salida, desplegó las alas de su cerebro, lo desparasitó y regresó. Al llegar, comenzó, como Adan había hecho con él mismo, a cambiar la vida de muchos otros tan sólo con la mirada. 

ni Cupido, ni Tinder, ni Máscaras

Hace 18 años, el psicólogo Arthur Aron consiguió que dos extraños se enamoraran en su laboratorio con 36 preguntas. Bajo el hechizo de Cupido, Daniel Arrow quiso probarlo. Localizó el test en Google y recreó el escenario en Tinder. Chateando con Helen Heart, Daniel encontró al fin una idea original para la primera cita. Se encontarían en el Museo Correr de la Piazza di San Marco. Cada uno llevaría puesta una máscara veneciana y el cuestionario contestado. En silencio, se intercambiarían las respuestas. Una vez leídas, se quitarían las máscaras y se mirarían fijamente a los ojos durante 4 minutos, tal y como proponía el experimento. Así lo acordaron y así lo hicieron.

Helen llevó una máscara Colombina y Daniel una Arlequín. Tal coincidencia anunciaba la posibilidad de convertirse en amantes como los personajes de la Comedia del Arte del siglo XVI. Leyeron las respuestas respectivas y de inmediato se dieron cuenta que Cupido y Tinder habían escondido la verdad sobre ellos mismos más tiempo que una fiesta de carnaval en Venecia. Acto seguido, se quitaron las máscaras y fijaron sus miradas cronometradas el uno en el otro. Entonces, la realidad se esclareció. Helen, no tenía nada de inocente como Daniel creía, era una mujer fatal experta en conspiraciones. Daniel no era el galán ingenuo que Helen esperaba, sino un tipo astuto que no lobraba salir de su miseria. Nada como los psicólogos para los temas del amor. Daniel reclamó a Cupido y a Tinder y se citó con Arthur Aron en su laboratorio, confiando en que algún día le sucedería como a la pareja del experimento, todavía felizmente unida.