Batido de memorias con sabor a té verde

El tiempo se detuvo en Kyoto. Era mañana Zen dentro y fábrica metalúrgica fuera. Los ventanales panelados de madera y arroz del ryokan acentuaban el contraste. Conecté con un estado de atención presente enfocado a cámara lenta. Me movía como por casa con energía yang en la pisada descalza y un aire sexying en el vestir. Unas veces con kimono, otras kimono con jeans que se veía al sentarme y cruzar las piernas y otras con vestido rojo, lápiz de labios a juego y trazo negro de eyeliner en la mirada. Desfilaba con mezcla de estilos entre Oriente y Occidente, nueva tendencia para seguidores en moda. Sin embargo, la mejor indumentaria era la del onsen unisex donde estábamos tal y como venimos al mundo.