No más príncipes


Cinco de la mañana. Despierto. Le asaltan los pensamientos de siempre. La desesperación elevada a infinito le empuja fuera de la cama. Admitido. - Me lo voy a hacer mirar -anuncia a las paredes. Por fin una frase sensata. Ella no está para oírlo. Dijo adiós. Esta vez para siempre.

Cuando la ciudad amanece se pone en marcha. A ritmo de tren se dirige al trabajo. Le gusta lo que hace. Consume las horas con gusto aunque el bolsillo no se nutre. Eso también se lo va a hacer mirar. Decidido. Fija su atención en dos. Parecen amigas. Hablan con intensidad. Es una conversación para un vino entre manos. Ellas no quieren más príncipes que se convierten en sapos. Pareciera que hablan de él mismo.