Un día liso

A tres semanas del año nuevo ni rastro de la Navidad. A estas alturas no necesita fórmulas matemáticas del BlueMonday ni listas de propósitos cumplidos que justifiquen su tristeza o felicidad. Hace veinte calendarios salió de la rueda de consumo y dejó de soñar con lo innecesario. Desde entonces vive más y mejor.

Sin embargo, las noches y los días se solapan en el mismo pliegue. El pliegue encierra su alegría. Nada es perfecto. Nadie es feliz completamente. Qué difícil ser nada y nadie.



Anoche le enterró en el cementerio de los vivos. Después durmió con sus muertos. Tenían más respuestas que ofrecer y le ayudaron a recordar. Soñó con el niño que fue con cuatro calendarios. Alegre, vital, amoroso y en paz. Al despertar llegaron a su mente momentos de vida donde había sido y sentido eso mismo. Consideró cada situación. Al detalle. Minuciosamente.

Hoy la sangre fluye ligera y oxigenada por el cuerpo. No más pliegues. Amanece un día liso.