El hilo rojo



Una leyenda oriental dice que las personas destinadas a conocerse tienen un hilo rojo atado a sus dedos. Un hilo que se estira sin romperse a pesar del tiempo y la distancia. Un hilo con el que naces, más o menos tenso, flojo o enredado, y te acompaña a lo largo de tu vida.

Estaba preparada para comprometerse en una relación. El hilo casi le parte el meñique cuando le conoció. El peligro no era perder el dedo sino sentirse especial a su lado, llena de ilusiones y esperanzas. No dejaba de ver las posibilidades de un futuro juntos. Sin embargo, sólo las veía ella y sola no era posible.



Cansada de repetir la fantasía pareja, irremediablemente ilusoria, quería despertar y recuperar su poder. La intención de obedecerse a ella misma marcaba su destino y no tenía más deudas que las propias. Experta en perderlo casi todo, sabía desprenderse de personas, lugares y ocupaciones. Valor no le faltaba. ¿Quién iba a elegir la vida que quería vivir? ¿Un hilo? ¿El karma? ¿Una leyenda?. Excusas. Sacó fuerzas del telar. Sin mirar atrás, miró dentro y siguió adelante.

¿Qué pasó después? No importa. Hay que dar tiempo al propio tiempo. Hagas lo que hagas, tanto si lo haces para recordar como para olvidar, el pasado te persigue y el futuro te distrae hasta hacerte presente. Más pronto o más tarde el hilo se suelta, por mucho que digan leyendas venidas de Oriente.